Ocho años después de la Primavera Árabe, los sueños de democracia en el mundo árabe se han visto frustrados por la cruda realidad de la autocracia, la corrupción y el régimen militar.
Sin embargo, Argelia y Sudán, que no se dejaron llevar por la agitación de 2011, hoy prueban suerte desafiando los poderes muchas veces ocultos –lo que los manifestantes argelinos en 1988 llamaban ‘le pouvoir’ (el poder)–. ¿A los movimientos democráticos árabes les irá mejor esta vez?
Les lecteurs maghrébins et algériens en particulier apprécieront certainement cette étrange évocation d’un projet mort-né en ce moment précis où l’Algérie et le Soudan traversent des périodes très sensibles et assez complexes.







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